domingo, agosto 27, 2006
Narciso era tan hermoso, que podía pasarse horas y hasta días, observando el reflejo de su impecable rostro en un río. Contemplación, reconocimiento, admiración. Y así, sin saber con exactitud lo que era la vanidad, murió por pecador. Pobre narciso, su nombre terminó convertido en un adjetivo peyorativo. Ignorantes, él solo quería ver la belleza de su rostro.
Sin embargo, esas razas no se extinguen ahogadas en pantanos (menos impunemente), porque de muchas formas, el mito del bello Narciso, se coló en causas más nobles. El espejo, precursor de la fotografía y elemento indispensable de toda cámara manual, son la herencia transmutada de este hermoso, que intrínsicamente todos poseemos. Ellos más, aquellos menos. Ellas para bien, estas otras, para mal.
Demonios. Yo, maldita Narcisa, tengo la costumbre de tomar espejos, de cualquier tamaño y recorrer mi cuerpo, que hasta el momento, se ve joven. De repente, me doy cuenta de que mis ojos se ven mucho más cansados que antes y menos jóvenes que el resto del cuerpo. Pero una mueca de felicidad, todavía los acomoda, al menos, para fingir en las fotografías. Los observo…espejos del alma, como los llaman los románicos e idealistas…para mí, el alma simplemente no se expone en los cuerpos, menos en la subestimada mirada de los mendigos de aprecio. Raza humana.
Los reflejos, falsean, ya lo demostró Borges en más de uno de sus textos. Historias que se bifurcan, circularidades y ojos taciturnos.
Si me observo en el espejo, reconozco que cualquiera de esos dos lados, puede ser la realidad, así como reconozco que ese espejo, que me ha visto miles de veces desnuda, jamás podrá reflejar lo que esta dentro de mi propia sangre, ni lo que se ahoga en esta masa: Mi Alma.

Réquiem por la muerte de Narciso.

Imprecisiones variadas del espejo-reflejo, por decisión.

De este lado del espejo, todo se ve más tranquilo.

Taciturna, como la mirada de Borges; bifurcada, como las piernas de La Renga

Dividida, como el Aguila de trueno.

Atemporal, como los encuentros de las almas.

Bellos.

Vacíos.

Muerto, como Narciso.

Culpable, como los que se creen Dios.