viernes, agosto 25, 2006
(…
Cause I got the real love
The kind that you need
You’ll come running back (said you would, baby)
You’ll come running back (I always said you would)
You’ll come running back, to me…)
Las líneas musicales de la conquista perfecta. Con esta táctica el diablo se adueñó de muchos en Fallen, para al final, hacer efectiva la leyenda de que los gatos son sus aliados dentro de este plano. La “realidad”
Posiblemente, el gato haya quedado agradecido eternamente por esa posesión; reivindicando su especie, adorada por los egipcios, para luego terminar chamuscados en plena edad media.
No me he dedicado a la demonología, pero hoy ando con ganas de satanizar a los gringos. Eso sí.
Y aunque nunca he sido partidaria de culpar a Bush de las desgracias del mundo, ni de odiar a Britney, ni el Mac Donalds, ni sus huevos de pascuas o demás costumbres excéntricas, de golpe encontré razones más fuertes para lanzarlos directo a mi lengua hogueril.
El otro día, conversaba con un amigo sobre la nueva señorita gringa que llegó de intercambio a su casa. Se habló de que era una mujer muy inteligente, pero que cargaba como cruz, su típico pensamiento estadounidense. ¿Cuál es?
¨ Todos los gringos, aunque se declaren anti-Bush y salgan a marchas para defender los derechos humanos, tienen la idea de que van a otro país a enseñar los métodos correctos para vivir “como se debe” (…) y no pueden evitar tratarte como ignorante”. Esa interpretación me pareció sencilla y sensata. Por primera vez no oí hablar de transnacionales o de Bill Gates. Por primera vez, no experimenté ese tono de envidia, de autocompasión y miseria, con que los latinoamericanos hablamos de los gringos, los malos de la película por excelencia.
Y la actitud de los desgraciados contra Irak, Cuba y la Onu me parece repulsiva. Sin embargo, la de Lucio, Jamil, Bucaram y Fernando Villarroel no me parece menos patética. En menor escala, sí. Pero, de hecho, no tenemos ni la mitad de su tecnología, menos de sus armas nucleares.
Jamás he sido amante de sus ciudades; ni siquiera de New York, aunque sea escenario de los videos de Depeche Mode y películas de Woody Allen…o se parezca a la encantadora ciudad gótica de Bruno Díaz. Los Gringos siempre me han parecido una raza insípida, excepto por esos lugares donde se toca jazz, country y blues. Hasta su mar, el Atlántico, les tocó frío. Los maldigo cuando sé de los abusos que se dan en sus consulados...
¿Pero que tiene ese país que alguna vez en la vida, todos terminamos por allá?
Para mí, es una relación enferma, maldita, de amor y odio. Un amor bautizado con Coca Cola y celebrado con un Mac Donalds.
Hay noches, como esta, en que siento al demonio cerca.
(…Yes, it is)
Cause I got the real love
The kind that you need
You’ll come running back (said you would, baby)
You’ll come running back (I always said you would)
You’ll come running back, to me…)
Las líneas musicales de la conquista perfecta. Con esta táctica el diablo se adueñó de muchos en Fallen, para al final, hacer efectiva la leyenda de que los gatos son sus aliados dentro de este plano. La “realidad”
Posiblemente, el gato haya quedado agradecido eternamente por esa posesión; reivindicando su especie, adorada por los egipcios, para luego terminar chamuscados en plena edad media.
No me he dedicado a la demonología, pero hoy ando con ganas de satanizar a los gringos. Eso sí.
Y aunque nunca he sido partidaria de culpar a Bush de las desgracias del mundo, ni de odiar a Britney, ni el Mac Donalds, ni sus huevos de pascuas o demás costumbres excéntricas, de golpe encontré razones más fuertes para lanzarlos directo a mi lengua hogueril.
El otro día, conversaba con un amigo sobre la nueva señorita gringa que llegó de intercambio a su casa. Se habló de que era una mujer muy inteligente, pero que cargaba como cruz, su típico pensamiento estadounidense. ¿Cuál es?
¨ Todos los gringos, aunque se declaren anti-Bush y salgan a marchas para defender los derechos humanos, tienen la idea de que van a otro país a enseñar los métodos correctos para vivir “como se debe” (…) y no pueden evitar tratarte como ignorante”. Esa interpretación me pareció sencilla y sensata. Por primera vez no oí hablar de transnacionales o de Bill Gates. Por primera vez, no experimenté ese tono de envidia, de autocompasión y miseria, con que los latinoamericanos hablamos de los gringos, los malos de la película por excelencia.
Y la actitud de los desgraciados contra Irak, Cuba y la Onu me parece repulsiva. Sin embargo, la de Lucio, Jamil, Bucaram y Fernando Villarroel no me parece menos patética. En menor escala, sí. Pero, de hecho, no tenemos ni la mitad de su tecnología, menos de sus armas nucleares.
Jamás he sido amante de sus ciudades; ni siquiera de New York, aunque sea escenario de los videos de Depeche Mode y películas de Woody Allen…o se parezca a la encantadora ciudad gótica de Bruno Díaz. Los Gringos siempre me han parecido una raza insípida, excepto por esos lugares donde se toca jazz, country y blues. Hasta su mar, el Atlántico, les tocó frío. Los maldigo cuando sé de los abusos que se dan en sus consulados...
¿Pero que tiene ese país que alguna vez en la vida, todos terminamos por allá?
Para mí, es una relación enferma, maldita, de amor y odio. Un amor bautizado con Coca Cola y celebrado con un Mac Donalds.
Hay noches, como esta, en que siento al demonio cerca.
(…Yes, it is)