Hoy, quiero decir que estoy enamorada. No sé de quién, pero así me siento.
Come on, and let me kiss you…the kiss kiss street is the place.
A lo largo de mi vida, me ha tocado oír historias de amor, muy complejas. Por ejemplo, a una amiga, un buen árabe la quiere cambiar por un par de camellos (de los de verdad). Pero si acá en Ecuador, nos hacemos bolas con animales de una sola joroba…imaginen lo que pasaría con un caballito de dos. Mi amiga se asustó y le dijo que no. El significado de esa palabra, al otro del lado del mundo y en ese contexto, es verdaderamente aterrador. La entiendo.
Ya me han propuesto matrimonio una vez, pero me negué, por dos razones. Era muy pequeña y, además, no estaba enamorada (y tampoco me ofrecieron ni medio camello). En realidad, no determino si alguna vez en mi vida he sentido esa clase de amor. Pero es que soy una persona cuerda, en exceso, y creo que es sensato culpar a mi cordura de esa ausencia.
the Quisquis street…the place. (De ahora en adelante)
Pero, repito, hoy…me siento enamorada. Mucho. Como siempre, pensarán que estoy loca, pero dejen de ser tan trillados…ya saben que no lo estoy. Sé que me lo dicen de cariño, con alguna buena intensión...pero no lo veo como un honor.
Y para sumarme a la obra de teatro que es la vida, o más bien, para asumirla de una vez por todas como tal, me he tomando la molestia (con placer) de elaborar un guión. Todavía no lo tengo con detalle. Por lo pronto, el sentimiento, está en mí.
Sí, hablo del amor y de lo profundamente enamorada que estoy ahora.
Dos o tres papeles potagónicos que se repiten (con ligeras variaciones, que también se repiten). Los actores secundarios y rellenos:
El escenario para mi primer encuentro…ya lo he dicho un par de veces, a lo largo de esta caritita honesta.
Un par de risitas emocionadas, otro par burlonas. Los sentimentales y los intelectuales.
Todos…reuniditos y puntuales, para ver la obra de amor más real de nuestras vidas.
Lágrimas, Risas y Aplausos.
“Amor, ya no temo morir…
Solo espero que Dios, tenga tu gracia”
L.A. Spinetta