miércoles, septiembre 20, 2006

Hoy el chofer del taxi en que viajaba, iba sintonizando alguna de esas radios típicas de los taxitas.
La verdad es que el viaje fue traumático por varias razones. La primera que me desequilibró fue la llamada de una mujer que quiso dar una cátedra del falso socialismo que profesa Rafael Correa. En este punto debo aclarar que aún no tengo la total certeza de por quién voy votar, así que esto no tiene nada que ver con que esté a favor o en contra del candidato mencionado. El punto es que la mujer dijo algo así como "Correa dice que es socialista, pero vive en Los Ceibos, estudió en el extranjero como Mahauad". Esa lógica me parece preocupante. Soy pobre= yo sí soy socialista, soy feo=soy sí socialista, soy cholo=soy sí socialista (los demás...cuento); y así se extiende la lista de razones por las que un ser humano se cree en el derecho de autoproclamarse simpatizante de esa ideología que nunca funcionó acá, ni funcionará. Si un grupo de 10 estamos en la mierda, nos uniremos para reclamar...mientras los 10 estemos en la mierda, si de casualidad uno de nosotros se llegase a ganar la lotería ¿Se va a repartir en partes iguales para todos? No creo. Y no juzgo, pero esa es la realidad, todos funcionamos por intereses particulares, máximo familiares, jamás comunitarios. Supervivencia.
Por eso, todas esas ratas que son los candidatos saben ocultar bien sus intereses. Seré igual de egoísta que ellos, pero al menos no tengo la hipocresía de lanzarme a una candidatura.

Pero mi lógica del shampoo, de hecho, es más preocupante que la de la mujer que llamó a la radio. Pues sí, la compra de ese producto hizo que mi voto del próximo 15 de octubre vaya dirigido a León Roldós. Confieso haberme confundido, por un par de semanas con Rosero...
Perdón, con Correa. Es que por ahí me contaron que Rosero toca piano.
En fin...Correa pues, es como el shampoo que compré. O al menos, puede llegar a ser así. Un buen envase, buen marketing, buen discurso...pero...ninguna experiencia o al menos, ninguna ante mis ojos. El sujeto estuvo en un ministerio seis meses, si no me equivoco (de no ser así, háganmelo saber, por favor) y salió como cuasi héroe, solo por no hacer ninguna gran cagada. Porque esas suelen ser las únicas grandes obras de los políticos. Además, es un tipo joven que aún puede demostrar que lo que vocifera en su discurso en sensato. Y de Roldós, no voy a hablar bien...tampoco mal...solo siento que es el mal menor.

(¿Y el shampoo? me está haciendo mierda mi bien cuidado pelo)


Segunda parte que me preocupó...
El periodista que se quejaba cariñosamente de su sueldo..."en esta profesión no se ganará mucho, pero uno se enriquece de oír las opiniones del pueblo".

Sí, puede ser...soy una maldita capitalista.