martes, octubre 03, 2006
Según Víctor Arreguí y muchos otros "la memoria política del país es muy débil" (revista Vanguardia, septiembre-octubre de 2006).
Esta afirmación es una de las tantas que realiza el director de cine quiteño, cuando habla de su documental Fuera de Juego: un poco de los forajidos, un poco de emigración y otro tanto del alzheimer que nos caracteriza a los ecuatorianos, en general.
Aún no he tenido el gusto de ver el documental. El texto tiene algunas perlas interesantes, que sin duda terminaré mezclando con mi propia experiencia. Lejos de los forajidos y cerca de la marchas blancas.
"Hay que contar los acontecimientos, documentarlos para que se vean en el futuro (...) Los procesos se olvidan tan rápido que me causa horror y espanto:
¡Gilmar Gutiérrez es candidato a presidente!"
Y sin duda la vida política del país siempre ha sido igual. Así, se puede elaborar una lista enterna de hechos, pero la idea (al menos la mía en este post) no es hablar de política, aunque inevitablemente el tema se haya alargado, esperemos lo justo y necesario.
El problema es que la memoria desaparece todos los días desde las acciones más cotidianas, desde el amor familar , la amistad y los infinitos roles e incontables relaciones humanas. ¿Es válida la excusa del perdón? parece que es ahí cuando recordamos que el perdón es divino y que perdonar, por ende, lo es también. El verbo se hace carne. Pero por qué pasar por alto, con la excusa de la estabilidad y la familia, los daños, muchas veces malintecionados del otro.
Perdonar no es solo hacerse el desmemoriado y seguir por ahí, arrastrando frustaciones y traumas como grito de indulgencia, al mismo tiempo.
El Estado no es más que el reflejo de nuestros propios hogares, nuestras cabecitas convenidas.
Entonces...¿es ralmente culpa de los políticos que estemos en la mierda? Nuestra supuesta falta de memoria parece ser el método más efectivo para llegar a una victimización. Y funciona (para apantallar)...
Arreguí dice "Quito, me sorprende, es bien rara. Como cuando vienen los indios a protestar y les dan las espaldas. Es una ciudad hipócrita que al mismo tiempo tiene un pensamiento avanzado: los forajidos".
Esa frase funciona como metáfora de lo que digo.
El proceso: dejar de hacernos los cojudos y si no...calladitos y sin quejarse.