Desde hace un tiempo, he ido sintiendo que no puedo escribir algo con pasión. Mi mente, la que me juzga todo el tiempo, la que me exige ser mejor, me asfixia más que las exigencias de todas las personas que han dicho quererme.
El español, la construcción de oraciones perfectas que provoquen risa, de la misma forma en que eso ocurre cuando hablo. Evitar ambigüedades.
Más o menos he escrito sobre cosas que me interesan, porque no es mi intención convertir este blog en mi diario personal. No, pues no quiero que este espacio sea sobre mí, no quiero contarles sobre mi vida personal, ni sobre mis miedos, al menos no de una forma explícita.
Ya llevo algún tiempo vomitando lo que me inquieta, unos veces con mayor honestidad, otras, tratando de ser coherente, o sea de no ser yo. Y no es que me crea loca, solo que soy una persona con pensamientos desordenados.
Hace un par de horas regresé a mi casa, y me encontré con la noticia de que mi abuela de 88 años estaba desvariando más de lo habitual. Fue mi frustrada tía (su hijastra) la que me dijo que tenía terror de que “Violeta se trastornara”.
Hace una hora la acabé de encontrar en la cocina, sin saber dónde estaba y pensando que yo, era mi prima, que tiene 15 años y 100 libras más que yo. Me habló de que su hermana Olga (que vive en Puerto Rico) la tiene que venir a ver.
No reconocía su cuarto, a pesar de que las cosas que están ahí son tan obviamente suyas. La foto de Angélica, su mamá; su Biblia; la radio de su papá…la foto de la verdadera Isabelita, el mueble de odontólogo de mi abuelito. Y yo, parada con cara de tranquilidad, cuando por dentro me desbarataba, sintiéndome mal por ella y temiendo por mi vejez. Queriendo que me saque en cara que vivo en SU casa, como siempre.
Hice que mi mamá subiera a verla.
¡Barajo que ella es fuerte! Es linda…y los más doloroso es que reconozca que perdió la “razón”, “el sentido común” como ella dice. Confundiendo la madrugada con la noche, sin haber dormido.
Ahora, ya todo ha vuelto a la normalidad. Ella duerme, como el ángel que es.
Yo, escucho Ultra. Escribo una página de Dear Kitty porque así lo quiere mi mente desconcertada.